sábado, enero 27, 2007

Un año de blogg

Bueno, ¡ya hace un año que empecé a escribir este blogg! ¡Como pasa el tiempo!
Y cuantas cosas pasan...
Esta semana ha sido extresante. Cambio de curro, cambio de compañeros de piso, exámenes ... Todavía no estoy descansando.
Ahora me encuentro en la misma casa de siempre, pero, curiosamente, con gente nueva. Es como si me hubiera cambiado de piso, pero sin moverme. Y bueno, cuesta acostumbrarte a gente nueva. Todos tenemos nuestros defectos, pero hasta que los sabes llevar. Uffff
Así que ahora el piso parece la ONU: un francés, un italiano y una australiana. Por lo menos practico idiomas, sobre todo el inglés, porque la pobre chica de español no sabe mucho que digamos.
Pero bueno, una nueva etapa. Eso si, este año no tendré 30 dias de vacaciones, y ya veremos que coño hago, porque tengo una boda en Polonia y en Septiembre quiero ir a mi amado Egipto. Pero con 15 dias tampoco se pueden hacer maravillas. Bueno, a pensar.
Y los exámenes, acabo el lunes, pero no he estudiado nada (como siempre). Me hago una auto-clausura. Me recluyo en casa, como un monje, y me paso la tarde perdiendo el tiempo. Por lo menos ya tengo los apuntes fotocopiados de Elena, algo es algo. ¡Pero tengo unas ganas de salir!
Si es que a mi edad, quien me manda meterme en estos berenjenales. C'est la vie!

domingo, enero 14, 2007

Ciao Ciao

Ya no queda nada suyo. Esta noche ya no durmió en el piso, y fue la última vez que yo dormí en mi antigua habitación. Ahora su habitación es la mía, y todavía sigo cambiando ropa y trastos entre ambas habitaciones.
Los posters que decoraban mi habitación, ahora se encuentran donde estaban sus fotos. Y una montaña de trastos se amontona por el piso esperando que le proporcione sitio. ¡Es tan complicado hacer sitio de nuevo! Al principio parece que no habrá ningún problema, pero conforme van llegando camisas, zapatos, papeles, libros .... el problema va creciendo.
Han sido casi 4 años compartiendo piso. Y ahora, me encuentro que vivo con desconocidos. Han sido muchos años de compartir experiencias, charlas, cenas, películas, salidas por Barcelona ..., pero todo tiene su fin y ha llegado. Parece que me haya quedado en casa y la família haya sido sustituída por un grupo de extraños.
Ha pasado tanta gente por este piso: italianos, franceses, valencianos, castellanas, peruanos, argentinos ... y me da la impresión que me he estancado.
Ahora tengo la mejor habitación, tambien hay que decirlo: amplia, una vista preciosa y mucha luz. Pero ya no está ese chaval que se había convertido casi en mi hermano.
He visto salir y entrar mucha gente en los pisos por los que he pasado. Y siempre que se va alguien, o te vas, parece que se cierra un capítulo de tu vida.

domingo, enero 07, 2007

Epifanía

... y los magos subieron de nuevo sobre el lomo de sus camellos, y volvieron hacia Oriente. Dejaron regalos, ilusiones, experanzas ... pero también pasaron por delante de algunas casas.
A veces pedimos cosas que no son materiales, que son las más complicadas de tener. Es facil tener un coche, un perfume de channel, una camisa de Dolce & Gabbana ... pero los deseos del corazón son los más difíciles de satisfacer.

lunes, enero 01, 2007

Nuevo Año

Esta mañana ví los saltos de Esquí. Llegué tarde al concierto desde Viena, y la verdad, me ha dolido. Pero bueno, tampoco iba a ponerme el despertador para ver y escuchar el concierto. Tenía sueño
Ayer cenamos en casa de Itziar. Entre que preparábamos las cosas, abríamos el vino, y comíamos mientras hablábamos, casi se nos pasan las campanadas en la mesa sin darnos cuenta. Así que sin postre, nos pusimos delante del televisor para ver al Ramón García y a la Igartiguru (o como se escriba) en directo desde la Puerta del Sol.
Las copas de champagne preparadas, los paquetes de tabaco en la mesa junto a los móviles, y entre los dedos el primer grano de uva. Comienzan los cuartos y ... ala, a comer uva como posesos.
Cuando acaban las campanadas, con dos o tres granos masticados dentro de la boca, hay que brindar con cava rápidamente, empezar a dar besos a diestra y siniestra, y felicitar el año.
Entonces el goteo de sms que había empezado ya por la tarde se convierte en una avalancha y empiezan a sonar las primeras llamadas.
Nos encendemos el primer piti del año (no, este año tampoco dejaremos de fumar, que total, como el año pasado no lo dejamos), y hacemos equilibrio con el móvil en la derecha y el cigarrillo en la izquierda.
Terminan las llamadas. Sustituímos el móvil por el cubata. Y para picar, los chupitos.
Escribimos en los globos los deseos a cumplir y los deseos a extinguir, y este segundo globo explota al quemarlo con un cigarro. Luego acabarán el resto de globos con caras dibujadas.
Y así, escuchando el programa de la 1, haciendo zapping con antena 3 y con la colección de CDs, se van terminando los cubatas.
Con las luces apagadas, y todo un clásico de Mecano: "y en la puerta del sol, como el año que fue, otra vez el champagne, y las uvas y el alquitrán ..." dejamos el piso con rumbo al Cangrejo Eixample.
Si, ¿el nuevo Cangrejo se inaguraba esa noche! Despues de sufrir su ausencia desde julio, su hijo pequeño renace con la misma música.

domingo, diciembre 31, 2006

Fin de año

.... y termina otro año. De nuevo la última noche del año que dará paso, esta vez, al 2007. Y yo todavía no se que haré esta noche .... Termina el año occidental, el más celebrado, pero .... también terminará el año chino, el año árabe, y antes, terminó el año egipcio, el año griego, el año babilónico, el año romano, el año etrusco .... Y no olvidemos dentro del año occidental, la existencia del calendario gregoriano o el calendario juliano. ¡Demasiados años! ¿no? Y apenas tengo ganas de celebrarlo.

Nochevieja no deja de ser una noche más. Un sábado cambiado de fecha, donde tras una cena copiosa, 12 uvas ¿de la suerte?, y un intento de coma etílico, la gente expresa sus deseos para un año siempre mejor que el anterior. Nunca estamos contentos con el pasado.

Y Atenas seguirá viviendo bajo la sombra de su Acrópolis, Roma continuará "eternamente" hermosa, Paris brillará bajo sus luces, Alejandría buscará en su explendoroso recuerdo, Londres vibrará en su cosmopolismo, El Cairo circulará caótica, Lisboa reposará en su sencillez, Madrid brindará bajo la Puerta del Sol, Ginebra respirará tranquilidad, Venecia luchará contra las Aguas, Marsella invitará a sentarse en uno de los cafés de su puerto .... ciudades que pueblan el bagaje de mis recuerdos.

Continuaré apilando libros en mi biblioteca, que crece expandiendo sus raíces en mi casa. Continuaré soñando, deseando, esperando ... el aroma de Venus, el perfume de Isis, el aliento de Afrodita .... La rabia de Zeus, el impulso de Júpiter, la magestuosidad de Rá.
¡Feliz año nuevo! (caigo en los tópicos)

miércoles, diciembre 27, 2006

Au Revoir Justine

Ayer terminé de leer el libro de Justine. La que había sido el diamante de Alejandría, acababa sin ningún brillo en los campos de Palestina. Y yo, en mi cuarto, en la huerta valenciana, me despedía de ella.
Los dos en un ambiente cosmopólita, yo en Barcelona, ella en Alejandría, y en cambio, terminamos juntos en el medio rural. Vino conmigo a Paris, a Rennes, a Marsella ..., pero en canvio, no la llevé a Alejandría. Marché solo, quizás porque pensaba que no podría tener tiempo de leer una sóla página en Egipto.

Esta tarde he ido a Valencia, y he comprado el segundo libro del Cuarteto: Balthazar.
Algunas veces se me hizo pesado leer Justine, lo reconozco. Demasiada descripción de sentimientos que requerían una concentración mayor a la de cualquier novela. Incluso pensé en abandonar el cuarteto con el primer libro, por falta de tiempo. Pero no pude resistirme a seguir indagando en la vida de Justine, ahora con una nueva visión de su vida, la de Balthazar, que abre el abanico de las pasiones de Justine en la Alejandría Durrelliana.

viernes, diciembre 22, 2006

Egipto VI: Cairo Copto


El último dia siempre es el que tienes que hacer esas horribles compras que te quitan el excaso tiempo que te queda. Así, comenzamos comprando ropa en una tienda de Zamalek, y a lo que nos dimos cuenta, se nos había comido media mañana. Marchamos corriendo al Jalili, a la tienda de un tal Jordi: un egipcio que había vivido dos años en Barcelona. Lo bueno de esta tienda es que hablan perfectamente castellano, y además ya tiene precio fijo, por lo que no se pierde el tiempo regateando. Así que fuimos añadiendo a la cuenta cartuchos, pulseras, colgantes, cofres de nácar y un largo etcétera. Úrsula y Elena se marcharon corriendo, ya que tenían que coger el vuelo de Alitalia de las 4. A nosotros Iberia nos esperaba hasta la una de la madrugada.
Volvimos a negociar un taxi para ir al barrio copto, pero la verdad, cansados de negociar tanto, cogimos un taxista que nos llevara allí, nos esperara, nos llevara al hotel President en Zamalek, y posteriormente al aeropuerto.
Así pues, el primer templo que vimos fue la iglesia ortodoxa griega de San Jorge. Pasamos por la puerta del museo copto y vimos las murallas romanas, para penetrar en la iglesia de la Virgen, o Iglesia Colgante. Las iglesias coptas impresionan por esa mezcla de iconografía cristiana con arte egipcio y musulman, con unas figuritas que a veces parecen infantiles.
Volvimos hacia atras, y junto a la iglesia griega, descendimos una pequeñas escaleras que nos llevaron a un laberinto de callejuelas jalonadas de iglesias coptas semi escondidas: Santa Bárbara, San Jorge, San Sergio (esta creo que no la encontramos) ... Cuenta la leyenda que la Sagrada Familia, en su huída a Egipto, descansó en una de estas iglesias. El 10% de la población egipcia es cristiana, y en este barrio cairota posee sus principales joyas arquitectónicas. Por último, en esta encrucijada cristiana y musulmana también visitamos una antigua sinagoga, con una fuerte influéncia árabe en su arquitectura.
Tras comprar unas postales descoloridas, volvímos al taxi rumbo al hotel. Recogimos las maletas, y tras descansar media hora en el hall, marchamos rumbo al aeropuerto.
Los taxistas pensaban que acabábamos de llegar, y venían pesados a ofrecernos sus servicios, pero nosotros gatos viejos, sonreíamos mientras decíamos "la, la, sukram" (no, no, gracias). Fuimos a la cafetería Milano, y mientras saboreaba un café turco, volvimos a ver todas las fotos en la pantalla de la cámara de fotos, intentando alargar esa estancia egipcia, que cláramente había terminado al pisar por última vez Zamalek.

jueves, diciembre 21, 2006

Egipto V: Guiza y Cairo Islámico

Eran las ocho menos diez de la mañana. Allí estábamos nosotros, frente a la puerta del recinto de las pirámides, observándolas, frente al Mena House. Finalmente fueron las ocho, se abrió la puerta, y comenzamos a correr tras un turista alemán, mientras los autobuses nos alcanzaban. Compramos la entrada del recinto, compramos la entrada de la pirámide de Keops, y finalmente entramos en ella. Ascendimos por la angosta rampa, hasta que al final entramos en el la cámara sepulcral de Keops, junto a una pareja de italianos y un turista alemán. Sólo nosotros, en aquel cubículo entre construcción de piedra caliza construído hace 5.000 años. Úrsula todavía se quedo, pensativa, pero al bajar vimos que subían a hacerle compañía un grupo de turistas japoneses y poco después, otro de españolitos.
Anduvimos entre las mastabas solitarias, con la imagen de los suburbios del Cairo a nuestros pies. De pronto, comenzó a surgir ante nosotros la cabeza de la Esfinge, hasta que pudimos admirarla en su explendor. Visitamos la barca de Keops, penetramos en mastabas y pirámides subsidiarias, para despues descender hacia el templo de la Esfinge, donde de pronto, una masa de gentio desembarcada de los autobuses, nos rodeó. Parecía un centro comercial, pero conforme subíamos la calzada de Kefren, y llegábamos finalmente a su pirámide, el tumulto humano iba descendiendo. Finalmente, frente a Micerinos, nos encontramos prácticamente sólos en su templo funerario.
Continuamos adentrándonos en el desierto, donde un egipcio con una burra nos vendió una botella de agua y otra de 7 up. Este egipcio le consiguió un caballo a Roser, quien cabalgó por el desierto, bajo la atenta mirada de las 3 pirámides.
Volvimos de nuevo a hacer el recorrido, hasta la pirámide de Kéops, donde tras negociar un taxi nuevamente, nos dirigimos hacia la garganta de El Cairo.
El taxi finalmente nos dejó frente a la puerta de las Conquistas, en las murallas del Viejo Cairo. Penetramos en la arteria principal del barrio, sin asfaltar, visitando y comtemplando mezquitas y madrasas. Observamos el atardecer desde un minarete, viendo la mezquita a nuestros pies, con el paisaje cairota de minaretes y cúpulas, y al fondo, la mezquita de Saladino.
Visitamos sus tiendas de especias, de túnicas, de zapatos ... hasta llegar a la mezquita conocida como la cuarta pirámide.
En el taxi de vuelta al hotel, de pronto sonó: Amapola, líndisima amapola .... y poco después, el Bésame mucho. Ya en Zamalek, yo decidí quedarme a dormir. La noche cairota continuó para algunos, pero yo caí sobre la cama del hotel.

lunes, diciembre 18, 2006

Egipto IV: Alejandría


Desperté, y al abrir el balcón, una ráfaga de luz mediterránea , reflejada en el inmenso azul del mar, me deslumbró. Observé la Corniche, con sus calesas de caballos entre los coches, y los taxis negros y amarillos (como en Barcelona), mientras las barcas navegaban por el mar. Desayunamos una buena variedad de crêpes, zumo de naranja, croissants … en el hotel, mientras veíamos el mar a través de la ventana. Luego decidimos alquilar un taxi por 4 horas, para hacer el tour de la ciudad. Fue el primer coche bueno en el que montamos, con un taxista medio nubio con traje y gafas de sol, que parecía nuestro guardaespaldas. La primera parada fue el fuerte Quait Bey, edificado sobre el antiguo Faro, del que había reutilizado algunas piedras. Desde aquella península se podía observar una hermosa vista de la ciudad. Proseguimos por las callejuelas de la ciudad hacia la catedral greco-ortodoxa de Santa Catalina. Una joya cristiana, recuerdo de aquella época cuando vivían en Alejandría más de 200.000 griegos en la primera mitad del siglo XX, que se mostraba para nosotros en solitario. Silencio sepulcral entre aquellos iconos griegos. Proseguimos hacia el Pilar de Pompeyo. Solitario, pero impactante por su altura. Se dice que formaba parte del antiguo templo de Serapis. El templo debería ser impactante, sobre pilares tan impactantes. La siguiente parada fueron las catacumbas de Kom ash-Shuqqafa. Tras descender varios pisos, observamos los relieves, mezcla de arte griego y egipcio, en aquellas paredes ocres. Todavía se podía ver la sangre de aquel burro que se cayó en un pozo a principios de siglo y permitió descubrir estas tumbas. ¿la irían renovando esa sangre?. Intentamos entrar en la mezquita de Abu el Abbas Mursi, pero como era la hora de rezar, lo dejamos para más tarde, y tras ver la estatua de Saladino, marchamos hacia la nueva Biblioteca de Alejandría, que estaba cerrada por ser viernes, así que tras varias fotos, volvimos al Cecil.
Tras un cigarrillo en el hall del hotel, tomamos de nuevo la Corniche con rumbo a la mezquita. Divisamos el minarete y entramos. Nos descalzamos, y acompañados por dos egipcios ( bastante pesados) que nos hacía una visita en árabe que lógicamente no entendíamos, hicimos una visita de aquella mezquita bastante pequeña, que la verdad, para ser la Gran Mezquita de Alejandría, dejaba bastante que desear. Les pagamos unas libras como baskis (propina), a los dos guías pesados, y al salir, Elena vio desde la puerta del patio un edificio impresionante. Habíamos hecho el primo nuevamente, y nos habíamos equivocado de mezquita. Así que tras pagar de nuevo al que nos guardaba los zapatos, nos adentramos, (ahora si), en la mezquita principal de Alejandría. Aquí nos separamos, puesto que había una puerta para mujeres y otra para hombres. En el interior nos reencontramos, separados por un biombo de madera, bajo el deslumbrante techo octogonal. Al salir, la baskis esta vez fue en piastras. Nos habíamos dejado todas las libras en la mezquita de barrio.
Comimos algo de fruta en el parque de al lado, con la vista de la Gran mezquita a nuestra izquierda, y en frente, la famosa mezquita de barrio, mientras dos niños que paseaban a su perro intentaban practicar inglés con nosotros. A los niños egipcios les encanta hablar inglés con los guiris, hacerte fotos, y que salgas en sus fotos. Volvimos entre las callejuelas hacia el hotel, donde merendamos en su restaurante antes de coger un taxi (el recepcionista nos convenció para que no fuésemos en tranvía, menudo glamour, un hotel de 4 estrellas y salir en tranvía, jaja). Parecía que nos dolía dejar el Sofitel Cecil Alexandria.

De vuelta en el Cairo, otra vez pelearnos con los taxistas, el sonido agotador del claxon, la contaminación… Por suerte ahora nos hospedábamos en la isla de Zamalek, bastante mas tranquila que Dokki. Entre las curiosidades de este barrio hay que comentar que vimos el primer barrendero, algo que pensábamos que no existía en El Cairo. Nuestro Hotel además, estaba situado junto a la embajada española, por si nos pasaba algo. ¡Menudas fiestas se montaban por la noche! Nosotros fuimos a un restaurante que se podía ir andando. El sitio era precioso, la comida deliciosa, pero en las mesas de al lado hablaban en catalán, español, inglés … y bueno, en alguna se hablaba árabe. Es lo que rompía un poco el encanto. Más que un sitio para árabes parecía un sitio para guiris, que al fin y al cabo es lo que nosotros éramos.

domingo, diciembre 17, 2006

Egipto III: Museo egipcio


Aquel dia tocaba el museo Egipcio, que como no se permite la entrada de cámaras, apenas tenemos de recuerdo las fotos de la entrada, con la esfinge de Hatsepshut y la fuente con los papiros y la flor de loto. Ya dentro, los tesoros de la tumba de Tutankhamon, (interminables y asombrosos), la paleta de Narmer, la estatua de Kefren (impactante) y la mini estatua en marfil de Keops (la pirámide más grande y la estatua más pequeña), las estatuas asexuales de Ajenatón, las triadas de Micerinos, la estatua en basalto de Ramses III con Horus y Seth, las momias grecorromanas de El Fayum (lo siento, me tira lo grecorromano), y aquella Isis fusionada con Afrodita. Demasiada información para Roser, que apenas conocía la historia egipcia, y que por la noche lo pagaría: Reino Antiguo, Reino Medio, Reino Nuevo, Baja Época, periodo de Amarna, periodo ptolemaico, periodos intermedios .... pobrecica, demasiada información. Para terminar la sala de las momias, donde pudimos ver el cuerpo del gran Ramses II, de su padre Sethi I, y de varios faraones Tutmosis y Amenofis (o Amenhotep, según los gustos).
Volvimos en metro al hotel, cogimos las maletas, y marchamos en taxi rumbo a la estación de trenes, con un taxista que parecía el Jorobado de Notre Dame. Habíamos negociado 20 libras, y una vez allí, nos quería cobrar 10 libras más por llevar las maletas en la vaca del coche. Como su inglés era bastante macarrónico, por no decir excaso, nos hicimos los guiris, aunque si que entendía ten, mientras señalaba el techo, y luego decía thirty. Así que estuvimos una hora en el caos cairota, en su pleno apogeo. La ventanilla no podía subirse, y resultaba dificil respirar. Finalmente llegamos a la estación, bajamos las maletas, le dimos las 20 libras, y nos fuimos dejando al Quasimodo maldiciendo en árabe. Lo siento mucho, pero si se había negociado 20 libras, no ibamos a ser tan primos de pagar 10 libras más. Uno va aprendiendo, harto de tantas propinas.
Preguntando se va a Roma, en este caso a Alejandría, así que por fin llegamos al anden de donde salía el tren. Allí encontramos al primer egipcio que no tenía ganas de hablar. Fue educado, eso si, pero no estaba por la labor de iniciar una conversación. Subimos al tren español, que así se llamaba, y la verdad, estaba muy bien. Los europeos tenemos un prejuicio con los países llamados tercermundistas, y no, no íbamos en el tren con las gallinas. He visto talgos bastante peores. En los vagones no se fuma, sino en los descansillos, y la verdad es que el viaje se hizo muy ameno por la cantidad de egipcios con los que pudimos hablar (en inglés). La verdad es que éramos los únicos extranjeros en el tren, o por lo menos en el vagón.
Al llegar a Alejandría, nuestra primera impresión fue: "huele bien, se respira bien, y no hay tanto ruido". Un taxista intentó llevarnos al hotel, pero como ya desconfiábamos y pasábamos de que nos timaran, decidimos ir andando. Total, que fue mala idea, y pensamos en volver a coger un taxi, pero claro, a saber si hablarían inglés, así que vimos una estación de Tranvía, preguntamos por el hotel Cecil y nos dijeron que era la última parada. Por 25 piastras, (como 10 o 20 céntimos de euro) nos dejaron casi en la puerta del hotel. Eso sí, todo el tranvia se enteró de que íbamos al hotel Cecil. Nuevamente, eramos los únicos guiris que cogíamos el tranvia.
Al llegar al hotel Cécil nos quedamos atontados, por tratarse de un hotel de principios de siglo que todavía guardaba todo el lujo y explendor de la segunda época dorada alejandrina. Sus habitaciones, con mobiliario de época, daban vista a un balcón desde donde se podía observar toda la Corniche, iluminada por las farolas y las luces de los coches, que marcaban el borde del mar. Cenamos tranquilamente en el Cecil, dimos un breve paseo por la Corniche, observando la silueta del fuerte Quait Bey, situado sobre los cimientos del antiguo Faro, derruído por un terremoto.
Y terminamos la noche bebiendo un vino de Burdeos en la habitación de aquel hotel donde Lawrence Durrell se había inspirado para su cuarteto de Alejandría, y su imaginaria Justine. Observando la vista nocturna de la Corniche, por donde pasaron el poeta Kavafis, Cleopatra, Marco Antonio, César, Alejandro Magno, y una lista de 15 Ptolomeos ... Mientras Roser, hacia sus deberes recordando las estatuas del museo egipcio, en sueños.

Egipto II: Saqqara


Aquella noche fue dificil coger el sueño, debido al sonido incesante del tráfico en la calle, más los nervios por descubrir el país de los faraones. Al despertar, observé la imagen caótica de la calle, con el eterno sonido del claxon que se multiplicaba como el eco. Una suave niebla matinal cubría la ciudad, y frente a mi ventana, pude ver una calle jalonada por grises edificios gigantescos, algunos sin acabar, poblados por bosques de antenas parabólicas. A sus pies, el tráfico desordenado y caótico.

Tras desayunar, subimos al taxi de Mustafá con rumbo a Saqqara. Pudimos comprobar la magnitud de la ciudad del Cairo, que parecía no terminar. Al abandonar la urbe, observamos el medio rural por la ventanilla, donde se mezclaban coches y carros, junto con casas modestas que jalonaban la carretera entre palmeras. De pronto, el verde dio paso al amarillo del desierto. El taxi se detuvo en Saqqara, y tras comprar las entradas, nos separamos junto a la pirámide de Teti, quedando con el taxista a las 4 en el recinto de Djeser. Teti fue la primera pirámide que visité. Tras descender por las escaleras del angosto corredor, llegamos a una cámara decorada con jeroglíficos. A la derecha se hallaba la cámara del sarcófago, todavía allí, y a la izquierda, una tercera cámara. Y allí, impresionados, parecía que el tiempo no pasaba mientras leíamos los jeroglíficos. Tras subir de nuevo las escaleras, fuimos a visitar la mastaba de enfrente, y tras fumar un cigarrillo en aquel tranquilo paisaje desértico, nos adentramos en la mastaba de Mereruka, para marchar hacia el recinto de Djeser.
Traspasamos el muro de entrantes y salientes y tras cruzar un corredor de columnas, accedimos al patio del recinto, dominado por la figura de la pirámide escalonada. Observamos las casas del Alto y del Bajo Egipto, cogimos arena del desierto, e incluso realicé la carrera del Festival de Sed bajo la atenta mirada de la pirámide. Finalmente, tras cruzar más mastabas, descendimos la calzada de Wenis, desde su templo funerario hasta su templo del valle, o lo que quedaba de ellos. Ya de vuelta, Mustafá nos llevó a una última mastaba en coche, donde los jeroglíficos todavía mantenían el color con toda su explendor.
Ya de vuelta en el Cairo, cogimos el metro para ir a Ramses Station. Sorprende ver un metro tan moderno, y además limpio, aunque eso sí, lleno de gente a rebosar. Te das cuenta que éramos el único grupo de ''guiris'' en todo el vagón. Los guiris normalmente no cogen el metro. Ya en Ramses Station compramos los billetes para Alejandría para el dia siguiente, y continuamos hacia Jan el Jalili. Pero no encontrábamos la línea verde y por mucho preguntar, no encontrábamos el camino. Finalmente un subsahariano nos explicó el camino en francés, pero nos hizo salir del metro, y nos guió por las calles, hasta que supimos orientarnos. Ellas se rieron de mi, que no me sabía entender en francés .... Pero bueno, tras pasar por una calle llena de despojos, cruzar las calles "a la aventura" en medio de los coches, con el sonido incesante de los cláxon, la polucción patente, y una autovía por encima de nuestras cabezas en una especie de puente, llegamos a Jan el Jalili (o Khan el Khalili, en inglés). Cenamos al aire libre en una terraza. Úrsula preguntó al camarero por vino o cerveza con alcohol, pero el camarero le señaló la mezquita, una de las mas antiguas y tradicionales del mundo árabe. A esas horas apenas había turistas, excepto dos muchachas que no se porque les vimos cara de Zaragoza. Marchamos despues al Fishawy, o Café de los espejos, donde escribía el premio nóvel egipcio Naguib Mahfuz. Fumamos la sisha, tomamos té con menta, y charlamos con un camarero muy simpático que estaba casado con dos mujeres, una de ellas Patricia de Valencia. Pero como no conocía las fallas, ni las falleras, ni la paella, finalmente admitió que bromeaba. En un momento de la charla, cogí el mapa del Cairo, y miré las líneas del metro. En la línea verde ponía "under construction". ¡Con razón no la encontrábamos! ....
Al volver al hotel vimos que habían puesto el árbol de navidad, así que terminamos la noche con una foto en plan Isabel Preysler y sus amigas.

sábado, diciembre 16, 2006

Egipto I: Cairo Airport

Roser hacia 10 minutos que ya había salido de la oficina. Cerré rápidamente todos los asuntos pendientes, cogí las maletas y marché rubo a la estación de Sants, donde había quedado con ella en el andén del tren que lleva al aeropuerto del Prat. Facturamos las maletas, y tras hacer una visita en las Duty shops y comprar unas chocolatinas para el viaje, nos adentramos en el avión que llegaba con retraso de Madrid, rumbo al Cairo.

Llegamos a la capital egipcia sobre las 12 y pico de la noche, y tras cambiar 150 euros por libras egipcias y comprar los timbres para el visado, observamos el primer signo de corrupción egipcia al recoger las maletas, ya que aunque había un cartel que indicaba claramente No Fumar, un chaval de Barcelona llevaba su cigarrillo encendido a cambio de otro cigarrillo para el policía.
El primer "pesado" que se nos acercaba nos pedía 70 libras para llevarnos al Hotel. Finalmente conseguimos un taxi por 50 libras. De pronto nos vimos en un parking de tierra debajo del aeropuerto, con nuestras maletas en una furgoneta donde no figuraba por ningún lado el letrero "Taxi", y 4 egipcios junto a nosotros, uno de los cuales, para nuestro asombro, nos ofreció hachis, que rápidamente rechazamos. Debíamos esperar a que se llenase la furgoneta para partir. Roser preguntó al policía del parking si ese taxi era de fiar. Por fin llegaron 3 catalanas más, que iban al Novotel. Roser les preguntó cuanto les había costado, y ante su asombro, dijeron que ya habían pagado al hotel el servicio de recogida. Tras una breve disputa, las tres chicas cogieron las maletas y se fueron. Nosotros queríamos partir ya, pero el taxista nos explicaba en inglés que debía llenar el taxi, o sino debíamos pagarle 70 libras. Nosotros nos negamos a pagar más, y cuando dijimos que nos llevábamos las maletas y buscábamos otro taxi, finalmente nos fuimos en un taxi de 4 plazas de un amigo suyo.
Ya en el taxi, mientras un egipcio conducía, el de su derecha, que hablaba mejor inglés, intentaba quedar con nosotros para el dia siguiente para llevarnos a las pirámides. El hecho de que pensaba en el dia siguiente nos tranquilizó, ya que si hacía planes de futuro se suponía que nos dejaría en nuestro hotel aquella noche. Finalmente nos dio su tarjeta, y descendió a la entrada de la ciudad. Continuamos con el otro egipcio, observando la visión nocturna de la urbe, entre edificios monstruosos y minaretes de mezquitas. Cruzamos el Nilo, y continuamos por el Tahir Street hasta el barrio de Dokki, donde se encontraba el hotel Concorde. Tras pagar nuestra primera propina "Baskis, en árabe", por fin pudimos ver a Úrsula y Elena. Al dia siguiente nos levantaríamos temprano para ir a Saqqara, con un taxi que ellas habían contratado todo el dia.

sábado, diciembre 02, 2006

Justine en Bretagne

El vuelo llegó con retraso a Charles de Gaulle, y encima tuvimos que esperar que el autobús nos llevara para ir desde el avión hasta el aeropuerto. Una vez allí, el instinto y las señales de correspondencia de la terminal. Junto a mi, otra chica que debía enlazar para Berlín, los dos corriendo desesperados buscando la salida. Finalmente llegamos, y por fin, una vez en el avión, volví a introducirme en la vida de Justine. Allí estábamos los dos, en Paris, descubriendo sus vivencias pasadas en Alejandría. El avión despegó rumbo a Rennes, y salvo algun comentario de la Directrice des Rélationes Internacionalles de l´Université de Rennes, que estaba sentada a nuestro lado, Justine me introdujo en su sentir durante el trayecto.

Fue una visita fugaz a Rennes, callejeando entre sus callejuelas con típicas casas de "pain de bois", algunas con 500 años de existencia. Mas modernas, las fachadas neoclásicas estilo imperio bordeaban la Vieille Ville, para no olvidar que me encontraba en cualquier ciudad de la provincia francesa. Pronto cayó la noche, trayendo el frío bretón, y vaciando las calles de esta ciudad cuyo origen se remonta a los galos.

De nuevo cogí el avión. Al llegar a Marsella, la noche ya había caído, pero el clima provenzal nos permitió salir fuera del aeropuerto, para respirar un poco de aire fresco mientras fumába un Gauloises en la puerta. Pero el cansancio ya se hacía dueño de mi cuerpo, y tras pasar los estrictos controles de seguridad, esperé junto a la puerta de embarque perdiéndome entre las vivencias de Nessim, Justine, Balthazar y Scobie. Proseguí ya dentro del avión, escuchando voces en checo, rumbo a Barcelona. Terminaba así nuestro viaje a la Bretaña.

sábado, noviembre 11, 2006

8 dias con Justine

Esta mañana terminé la primera parte de Justine. Me desperté, subí la persiana, y continué leyendo aquella historia de Justine con el pseudónimo de Claudia que escribió su primer marido, un francés de origen albanés. Ayer me acosté tarde, y pese a querer saber más y más, los párpados fueron venciendo a las pupilas, pese al ánsia de terminar esa novela dentro de una novela. Hoy finalmente, terminé aquel relato del judío franco-albanés, que leía el narrador del libro. Después Justine apareció en su habitación y su belleza misteriosa se acercó hasta el roce de su piel, posando sus labios en su boca como el vuelo de la mariposa. Finalmente él sucumbió al culmen del sexo. Despertaron de su sueño, y al bajar las escaleras del piso, se despidieron fríamente en una insólita Alejandría que parecía salir de sus ruinas tras los efectos de un terremoto bajo un ardiente sol.

Hacía tiempo que quería leer este libro. Desde que un artículo de la revista Geo la describía como el alma personificada de Alejandría. Sin embargo, la falta de tiempo me retardó a comenzar la lectura de este Cuarteto de Alejandría, que al ser 4 libros, impone .... Pero ante mi próximo viaje a Alejandría, retomé su búsqueda: No podía alojarme en el Cecil sin conocer la historia de su más célebre visitante, aunque fuera de ficción. Pero la búsqueda del libro fue un fracaso, tras comprobar que no se encontraba en varias librerías barcelonesas.

Sin embargo, el viernes fui a La Casa del LLibre, a por otro libro, que tampoco estaba. Al salir por la puerta, ya en Paseo de Gracia, recordé el nombre de Justine. Y volví otra vez para dentro, encontrando la edición de bolsillo. Empecé a devorar el libro en el metro, y continué leyendo en mi cama, de modo que al despertar, me encontré a mi izquierda el preciado libro. A veces los libros son como amantes. Te dejas seducir por ellos, intentas comprenderles, aprender de ellos ... y por supuesto te los llevas a la cama para pasar la noche junto a ellos. Cuando los exprimes completamente y llega el final, se pierden en la librería, o incluso los recomiendas a un amigo para que se deje seducir por sus palabras. Quizás un dia los vuelves a encontrar, por casualidad, y realizas una ligera lectura de unas páginas. Es como un beso de anhelos de aquel romance vivido.

En este libro el tiempo pasa despacio, pausado..., incluso se invierte, dando saltos hacia hechos pasados o hacia un pasado más próximo. Es un camino a la historia que comienza en una solitaria isla griega, donde su autor rememora aquellos años en la Alejandría de entreguerras con la enigmática Justine, la sencilla Melissa, el Casanova Pombal, o el siempre curioso Nessim. Todo ello envuelto en el halo alejandrino, sobre el que planea la figura de Cavafis.

Y el amor es complicado en este mènage a quatre, que se expande al infinito con los amantes de Justine, la deseada, la temida, la adorada. Es curioso que alguien pueda hablar de amor, de locura, hacia Justine, al tiempo que habla de otro amor tierno hacia Melissa. Y como Nessim comparte su adoración hacia Justine, con la amistad hacia aquél que se acuesta con ella. Pero Justine, que fascina con su figura, con su rostro, con sus palabras, con su mente .... no encuentra aquel que le fascine hasta el punto de la fidelidad. Incisos sobre el amor que marcan, pero asustan.

jueves, noviembre 09, 2006

Justine

"El objeto amado no es sino aquel que ha compartido simultáneamente una experiencia, a la manera de Narciso; y el deseo de estar junto al objeto amado no responde al anhelo de poseerlo, sino al de que dos experiencias se comparen mútuamente, como imágenes en espejos diferentes"

Así era el amor .... para Justine.

Lawrence Durrell, Justine, El Cuarteto de Alejandría

domingo, octubre 29, 2006

Venezia

¡Venecia terminó! Abandonamos Piazzale Roma por el mismo puente que nos había traído a aquella isla insólita, rumbo al aeropuerto Marco Polo, olvidando lanzar una moneda en una fuente que nadie conoce.



La llegada a Venecia fue nocturna. Buscamos el hotel, y al abrir la ventana observamos la belleza del canal. Salimos a cenar, y tras degustar la pasta italiana, marchamos hacia Campo Santa Margherida para conocer la noche veneciana. Tras unas cervezas, terminamos en el Piccolo Mondo, una mini discoteca, pero que era la única, con gente un tanto estraña.

La mañana siguiente cogimos el vaporetto rumbo a Piazza San Marco. Lo cogimos al revés, y en vez de ver el Gran Canal, observamos el puerto. Pero bueno, por lo menos pudimos parar en la isla de San Giorgio, hacernos un amigo japonés y observar de las vistas de San Marcos desde allí.
Por fin llegamos pudimos ver el palacio ducal, el puente de los suspiros, y esa obra de arte bizantino que pone la guinda a la plaza. Unos decidieron tomarse un café en el Florián, y otros nos introducimos en el templo. La catedral deslumbra al entrar por el dorado de sus cúpulas, y el aurea de misterio que inunda la estancia. Al final, la Pala d´Oro.

Perderse en las callejuelas, descubrir palacios decadentes e iglesias sorprendentes, subir por puentes por donde pasan las góndolas, meterse en la masa de gente que observa el Rialto ... un camino complicado para coger el Vaporetto que lleva a Murano. Por fin llegamos, había comenzado la última explicación del cristal de Murano. No compramos nada, y cerraron la fábrica. Caminamos por las calles de Murano, sin turistas. Era como Venecia, más sencilla, pero sin gente, con apenas pocos viandantes nativos. Nos cruzamos con Lionel Jospin, y volvimos a Venecia.

La noche en Venecia fue mas breve. El domingo Santa Margherida estaba mas vacía. El dia siguiente fue para conocer el Palacio Ducal. La historia de aquella república, La Serenísima, que bajo el mandato del Doge se extendió por Padua y Verona, conquistó Dalmacia, y llegó hasta las islas jónicas y Creta. Una historia de un país que comenzó su decadencia porque molestaba al emergente papado, y cuyo fin lo marcó Napoleón con su conquista. En los museos de la plaza San Marcos todavía se pueden ver las obras con las que comerciaron: antigüedades griegas y romanas. El explendor de la república se palpa en los frescos del palacio: Tintoretto, Veronese ... , y los palacios que pueblan la isla, son testigos caducos de ese pasado.

Espero volver a perderme en tus callejuelas, navegar por tus canales, deleitarme en tus palacios ... iluminado por ese campanile que indica la sepultura del apostol San Marcos.

domingo, octubre 08, 2006

Los Borgia

Hoy vamos a hablar de cine, del nuevo estreno del cine español (o italo-español) que de momento parece todo un éxito de taquilla, como demuestran las colas a la entrada de la sala.

Los Borja, I Borgia, eran una familia valenciana (de Xàtiva, más exáctamente), que hizo las maletas y se fue a vivir a Roma. Allí no hicieron muchos amigos precisamente, y al final casi se murieron todos, menos Lucrecia, que se marchó para el norte, a Ferrara.

Dejando esta pequeña broma, la película no me ha decepcionado. Prefiero un libro, por supuesto, pero por lo menos no ha caído en el morbo facil (y posiblemente falso) liándo a Lucrecia con su padre Rodrigo o su hermano César. El vestuario impecable, los decorados y paisajes, perfectos ... Se consigue entrar en la época perfectamente, aunque salgan personajes de 7 vidas, Al salir de clase, Aquí no hay quien viva ... y el chavalín de "Todo sobre mi madre" que ha crecido bastante.

viernes, octubre 06, 2006

Venecia, El Cairo, Alejandría

Bueno, ya se me acaban las vacaciones. Vienen bien unos dias de descanso al inicio del otoño. Cuando todo el mundo vuelve, tu te vas, y te evitas las masas estivales.
Sin embargo, debido a la falta de dinero, me he pasado las vacas pensando en las escapadas que me esperan.
A finales de mes me voy a Venecia, la ciudad de los canales, de San Marcos, del Carnaval (que no veré), de los suspiros ..., y en Diciembre Egipto: El Cairo y Alejandría.

Sin embargo casi he pensado más en Egipto, pese a que quedan dos meses, que en Venecia. Siempre soñé con visitar Alejandría, y por fin, mi sueño se va a cumplir. ¿Por que? Pues no lo tengo muy claro. Quizás el culpable sea el comic de "Asterix y Cleopatra", donde los indomables galos Asterix y Obelix, su perrito Ideafix, y el druida Panoramix, marchaban hacia la corte de Cleopatra para construir un palacio para César en un tiempo record. Y ahora, voy yo.
Alejandría fue la ciudad más hermosa y cosmopólita de su época: la fusión de la cultura griega y la egipcia. Esta ciudad, creada por Alejandro Magno, y embellecida por los ptolomeos, aún mantendría su auge bajo el dominio romano. Sin embargo, cuando Napoleón llego a Egipto, Alejandría apenas era un pueblo de 7.000 habitantes, y de su faro, una de las maravillas del mundo, apenas quedaba una ciudadella árabe sobre los restos que dejó el terremoto.
Alejandría apenas conserva restos de su pasado explendor: su museo grecorromano, el pilar de Pompeyo, las catacumbas ... y bueno, la moderna Biblotheca Alexandrina. Pero no tiene desperdicio pasear por aquellas calles por donde antes caminó Alejandro Magno, Cleopatra y César.
Y tras visitar Atenas y Roma, ahora por fin, visitáré Alejandría.

Parece ser que los venecianos robaron de Alejandría el cuerpo de San Marcos, trasladándolo a Venecia. Sobre su tumba construyeron la Basílica de San Marcos, en estilo bizantino. Sin embargo en Alejandría apareció la cabeza del santo y se guardó en la iglesia de San Marcos. ¿Veré el rostro del evangelista en alguna de las dos ciudades?

martes, octubre 03, 2006

Cesaraugusta

La semana pasada estuve en Zaragoza. Apenas estuve unas horas, pero lo suficiente para conocer un poco sobre la ciudad romana. De nuevo pasee por la plaza del Pilar, y tras ver la basílica en el tiempo record de 10 minutos (cada vez me dice menos esta iglesia), paseé en dirección hacia la Seo de San Salvador, en mi opinión la joya cristiana de Zaragoza. Así, entre las estatuas goyescas que pueblan el camino, distinguí un cubo, que hacía años que formaba parte del paisaje urbano de la plaza, pero que nunca supe lo que era. Me acerqué, para comprobar de que se trataba. Siempre pensé que era un anexo a la oficina de turismo o un restaurante, o yo que sé, cualquier edificio vanguardista para adornar la plaza. Mi sorpresa llegó cuando ví que era la entrada al Foro Romano de Cesaraugusta, y que además había toda una ruta romana de la ciudad, con las murallas (que era lo único que había visto en viajes anteriores, con esa estatua de Augusto y una ranita tirando agua en la fuente de delante), el puerto fluvial, las termas, el foro, y el teatro. Sin embargo, pensé en perderme un poco por la Zaragoza medieval y mudéjar, y volver posteriormente. Marché por la Calle Mayor hacia la iglesia de La Magdalena, una de mis torres mudéjares favoritas junto a las de Teruel y Calatayud, y luego, un poco alejado del Pilar, marché hacia las Termas para comenzar la visita.

El chico del museo de las Termas me dijo que la visita de toda la ruta de Cesaraugusta llevaba varias horas, y sólo en el teatro podría estar una hora y media. Así que como ya había visto las Termas pq la taquilla está junto a ellas, me marché hacia el teatro.
El teatro en sí no brilla por su buena conservación. Mérida, Segóbriga, o incluso el experimento de restauración de Sagunto ofrecen una visión mejor, pero el museo zaragozano ofrece una explicación que falta en los tres teatros comentados anteriormente. La maqueta, los paneles explicativos, la guía auditiva ... te introducen en una época y un mundo que luego se ve premiado con las ruinas del teatro en vivo, por lo que la imaginación hace el resto, sobre todo si ya has estado en otro teatro romano.

En este caso, curiosamente, fueron los propios romanos quienes destrozaron el que fuera uno de los tres teatros romanos mas importantes de Hispania. La crisis del siglo III, el cambio de religión hacia un cristianismo que prohibía o repugnaba las diversiones públicas, la amenaza de los bárbaros ... propiciaron el abandono del teatro y su posterior uso como cantera para construir las murallas que emergieron para proteger Cesaraugusta. Luego llegarían los árabes, y los cristianos, dejando el solar bajo la judería, para volver a ser tierra cristiana de nuevo con la expulsión de los judios, y dejando los restos del teatro en el olvido, ocultos bajo sus casas, iglesias y palacios renacentistas.
Casi dos horas pasé en lo que fuera un teatro romano. Y es curioso, pero de nuevo Roma volvió a mi interés, opacada en mis preferencias por Grecia y Egipto últimamente.

sábado, septiembre 16, 2006

Cadaqués

Bordeámos el lago de Banyoles. Visitamos la iglesia de Porqueres. Nos perdimos por las calles medievales de Santa Pau. Subimos al volcán de Santa Margarida, descubrimos el verde cráter coronado por una ermita, y volvimos a bajar. Disfrutamos de las fiestas de Olot. De nuevo vuelta al medievo en Betsalú. Buscámos donde poder cenar en Peralada ...., y al dia siguiente, por fin apareció ante nosotros Cadaqués.

Cadaqués llega a la vista tras una carretera tortuosa desde Roses. Curvas y más curvas, hasta que finalmente se divisa un pueblo blanco frente al azul del mar. Su iglesia, sus calles, su bahía ... crean una postal en movimiento.
Recorrimos sus calles empinadas hasta llegar a la iglesia, donde una francesa achinada intentó unirse al grupo. Luego visitamos Portlligat, y volvimos de nuevo al pueblo para comer frente a la bahía en el Casino.
Y finalmente, tumbado en la playa de Cadaqués, bajo el sol de melancólico de Septiembre, alcancé el sueño acunado por el sonido de las olas del mar.

La última parada fue en Castelló d'Empúries y sus fiestas medievales. Juglares, bailarinas, Gigantes, tambores ... desfilaban pos sus calles ancestrales en esa fiesta que emulaba el pasado.